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SIERRA LEONA -2013 MILLA 91

SIERRA LEONA -2013 MILLA 91

 

Muchos de vosotros ya conocéis nuestro proyecto Milla 91 en Sierra Leona.  La Fundación Atabal  colabora desde hace tiempo en varios proyectos con este dispensario, donde  las Misioneras Clarisas  se entregan para dar a la población asistencia medica y a los niños/as de la zona aporte nutricional  desde hace años.  En los últimos tres  años tienen presencia permanente la hermana Patricia, médico, y la hermana Adriana, enfermera, que nos han impresionado profundamente por su talento  y disciplina en la organización, además de su inagotable capacidad de trabajo, que sólo parece tener explicación  por  su  fuerza espiritual. Todas sus palabras y hechos conjugan el saber hacer las cosas bien con AMOR.

Durante los veranos, un grupo de estudiantes junto con algún médico, la mayoría de Madrid y Pamplona, se desplaza allí para ayudar y apoyar a las Hermanas durante el mes de Julio. Este año, además de apoyo médico, han organizado una escuela para los niños/as del pueblo. Aquí podéis leer un resumen de su experiencia:

 

 VIAJE y  ATERRIZAJE

Mas de treinta maletas abiertas en el suelo de la T4 de Barajas fue el comienzo de nuestro viaje. De las 46 maletas que llevábamos los 23 miembros de la expedición, la mayoría de ellas cargadas de material sanitario, medicamentos y material escolar, iban con sobrepeso (las básculas caseras nos habían fallado!!!) y nuestro primer reto fue empezar a abrir  maletas personales para ajustar entre unas y otras los pesos al máximo permitido.  Después, en una larga fila y con un listado, fuimos colocando en todas ellas el cartelito rosa fosforito plastificado con un enorme número por un lado y nombre y señas de Sierra Leona por el otro. Hay que tener en cuenta que además de la maleta personal, a cada uno se le adjudicaba en el aeropuerto una segunda maleta desconocida. Sin esta exquisita organizacion de las Hermanas Clarisas, siempre pendientes de nosotros y de cada detalle, aquello habría sido muy complicado!!!  Cuando a las cinco de la mañana llegamos a Freetown y contamos una detrás de otra las 46 maletas numeradas, por fin respiramos tranquilos. No faltaba ni una de las tan preciadas maletas con su importante contenido!!!!!  Por supuesto, alli estaba la Hermana Elisa preparada con un enorme camión alquilado para tanta maleta y dos furgonetillas para nosotros. De camino a Mile 91 la mayoría caímos rendidos por el sueño, ya que este año en vez de aquel horrible camino de barro, baches y bañeras, nos esperaba una flamante carretera recién estrenada por el gobierno.

 

 Al llegar nos encontramos que, además de recibirnos con un enorme cariño, como este año eramos tantos y era imposible alojarnos en la casa de voluntarios, las Hermanas habían salido de su “convento” y nos habian cedido todas sus habitaciones. Ocupar ese lugar tan especial, con su “virgencita Africana” en medio del patio, fue muy emocionante. Tras un exquisito desayuno, unos comenzaron el trabajo en la clínica y otros nos dedicamos al segundo reto: colocar la  enorme cantidad de material sanitario y medicación en el pequeño almacén de la clinica, donde fue imposible meterlo todo. Pilar, nuestra voluntariosa ginecóloga, que en los últimos 30 años sólo habia visto mujeres, decidió pasar consulta y  cuando se encontró con un señor mayor enfermo frente a ella.... sintió: "tierra trágame" !!!!  pero cuando  empezaron a entrar niños ardiendo de fiebre, se levantó en busca de la pediatra, Olga,  con un: socorro!!! Y no digamos Ana, nuestra eminente cardióloga de La Paz.....no podía creer aquello.... "pero, ¿cómo podemos adivinar que enfermedad tienen?" decía ella acostumbrada a la medicina hospitalaria de La Paz. Pronto lo entenderás, le dijo Olga, y así fue. En pocos dias se acostumbro a diagnosticar – adivinar y tratar casi sin medios y  el resto del tiempo estuvo más que feliz. Así se cumplió el augurio de  Peligros, buena conocedora y apasionada colaboradora con Sierra Leona, “ te vas a enamorar de sus gentes “!!!!

 

EL EQUIPO HUMANO

El grupo Milla 91/2013 ha sido muy interesante y variopinto. En primer lugar Gonzalo y María, dos jóvenes y magníficos periodistas con gran inquietud y sensibilidad por todo lo referente a la vida en Africa y  muy en especial por los niños. Ellos, junto con María, estudiante de filosofía, y Amaury, nuestro joven estudiante  de economía francés, ambos de una entrega y bondad excepcionales, fueron el alma de la escuelita de la que más tarde hablaré. También la Hna. Carmen, del Colegio Mayor Santa Clara, responsable del grupo, además de estar pendiente de todo y de todos, fue un valiosísimo apoyo organizando la escuela. A este grupo se unió también Jorge, un estudiante universitario mejicano que se integró como uno más y fue muy querido desde el primer día. Después estaban los 11 estudiantes de medicina (9 chicas y 3 chicos), de los  cuales 4 ya tenían experiencia en el terreno, por haber estado el año anterior. Una jovencísima y maravillosa recién terminada enfermera, María (por cierto que Marías había 5 en total) completaba este grupo. He de decir de todos y cada uno de ellos que fueron excepcionales, ya que de verdad trabajaron con un ánimo, una alegría y una entrega dignas de admiración. Nos asombraban cada día!!!! También contábamos con la Hermana Alma, nuestra dulce y amorosa enfermera mejicana que se integró a la perfección con el grupo, trabajando con auténtica “alma” de misionera.

 

No tan jóvenes de edad, pero creo que bastante jóvenes de espíritu, eramos el grupo de médicos. La verdad es que nuestra veterana y recién jubilada ginecóloga, nos daba clases de ánimo, optimismo y alegría cada día y hasta nos tocaba cada canción con la guitarra que todos estallabamos en carcajadas con ella. Después estaba Ana, nuestra cardiólogo todoterreno que igual trabajaba en las villas como en la clínica, enseñaba electrocardiografía a la Hermana y no dudó en acompañar al grupo de estudiantes a la aventura de Rutile. También tuvimos parte del tiempo a Txema, radiólogo entregado tanto a la docencia como a las prácticas con la Hermana y doctora Paty con el más que antiguo aparato de ecografía. La otra parte del tiempo la pasó Txema en el  hospital Holy Spirit de Makeni con nuestro cirujano, Rafa, que aunq    ue estuvo la mayor parte del tiempo en el hospital, también pasó unos pocos días con nosotros enseñando a las Hermanas las técnicas básicas de nudos y suturas quirúrgicas. Completaba este grupo la pediatra Olga, que tanto en las villas como en la clínica atendía con calidad profesional e infinito cariño a las colas interminables de niños.

 

EL TRABAJO MEDICO

Cuatro fueron los ámbitos de nuestra labor médica este año.

 

Las Villas

Todos los días una parte de los estudiantes, junto con un médico, nos montábamos en el todo terreno con dos grandes maletas de material sanitario y medicación y nos poníamos en camino para trabajar en los pueblos algo alejados  de los alrededores. Cada dos o tres días cambiabamos de villa para poder abarcar a  la mayor parte posible de la poblacion. Normalmente estaban avisados con antelación y ya en parte preparados para recibirnos. Igual nos dejaban un granero, que el aula de una escuela, que la gran casa de un político local. Según llegabamos, rápidamente los habitantes traían mesas, sillas y bancos para montar la clínica ambulante. En un momento aquello se llenaba de pacientes, niños y muchos habitantes  del pueblo que simplemente venían por curiosidad a ver al “hombre blanco”...al “opoto médico”. Aunque hubo alguna excepción, a pesar de montar dos consultas, en las villas trabajabamos muchísimo y sin parar, con un calor a veces asfixiante. Esto mejoraba cuando trabajamos al aire libre en el porche de alguna casa, pero entonces nos veíamos mucho más rodeados de niños y curiosos. A veces, parecía que no ibamos a terminar nunca, ya que según se iban enterando los habitantes de pueblos cercanos, aparecían más y más pacientes, ya muy tarde. Un día se nos hizo tan tarde que un señor del pueblo nos preparó comida: nos trajo tres cacharritos amarillos con arroz, una salsa espesa con “contenido desconocido” y agua hervida. Veíamos todo tipo de patologías más o menos graves y más o menos agudas o crónicas, algunos deshidratados, infecciones respiratorias, otitis, diarreas, infecciones de transmisión sexual,  fiebres tifoideas  y por supuesto muchísima malaria, en los niños a veces grave. También veíamos muchas heridas e infecciones cutáneas. A veces eran simplemente recién nacidos envueltos en tres o cuatro capas de mantas y toallas completamente “cocidos” llenos de ampollitas de sudor. A la pediatra esto le daba mucha pena y además de quitarles capas de ropa les decía que esto era como si a ellas les metieran en agua hirviendo!!!  A algunos pacientes, especialmente mujeres mayores, les dolía todo, te señalaban desde la cabeza hasta los pies, y no es de extrañar, porque a juzgar por los pesos que cargan durante toda su vida en la cabeza y el trabajo duro en el campo más el poco calcio que ingieren, los huesos los deben de tener fatal.  Nuestros traductores, Ousman y Mohamed, fueron maravillosos e indispensables.  De las villlas nos traíamos con frecuencia pacientes para la clínica a nuestro regreso. Recuerdo un señor mayor con insuficiencia cardiaca que lo metimos atrás de la furgo y eramos tantos y lo teníamos tan espachurrado que sólo se veía su cabecita entre cuerpos de estudiantes. También una mujer con restos puerperales infectados y cuarenta de fiebre, temblando acompañada de su madre y su bebé recién nacido. Le dabamos agua y la  abanicabamos todo el camino,  pero como sardinas en lata. Cuando llegamos y Pilar le metió el espéculo ginecológico empezó a sangrar y daba pena ver y oler lo que echaba por ahí. Pobrecilla!!!  Con frecuencia traíamos niños muy malitos para aplicarles suero, tratamiento intravenoso de malaria o para llevarles en la ambulancia con el fin de que pudieran ser transfundidos. La  ambulancia, que nos sacaba de grandes apuros, allí la tienen como un gran tesoro. Fue donada a través de un proyecto de Atabal y pudo ser transportada hasta Sierra Leona gracias a la colaboración de muchísimas personas.

 

 

El Dispensario

Desde las 8 de la mañana hasta primera hora de la tarde, dependiendo de la distancia desde donde vinieran caminando, nos llegaban los enfermos. Este año  montábamos hasta  tres consultas. Pilar enseguida se adjudicó la consulta que tenía la típica camilla/potro de explorar mujeres y allí siempre estaba ella con su traductor Edward y algunos estudiantes y a veces la Hna Paty aprendiendo colposcopias. La primera consulta la pasaba la Hna. Paty siempre que Olga no fuera a las villas, ya que si estaba ella pasaba su consulta de forma que la Hermana se dedicara a dar clases prácticas y teóricas de eco, ECG y colposcopias. La tercera consulta normamente la pasaba Ana con estudiantes o si Ana estaba en las villas, la pasaban los propios estudiantes con más experiencia.  La clínica se iba llenando de enfermos a lo largo de la mañana y muchas madres tumbadas en el suelo con sus bebes mamando a  su lado.  Se veían hasta cien pacientes de todo tipo todos los días, y con cierta frecuencia nos convulsionaban niños allí mismo y esos momentos eran muy duros para las madres y para nosotros.   Las habitaciones de ingresos y observación se nos llenaban en poco tiempo con niños que precisaban sueros o hipertensos severos en observación, dolores abdominales o pacientes esperando a ser trasladados en ambulancia. En el laboratorio, Marvel y Lucy, nuestras técnicos sierraleonesas, haciendo tests de malaria, tifoidea, HIV u orina......y al mando la enfermera Hna Adriana!!!!  poniendo sueros (no había vía que se le resistiera!!!) y en la farmacia. Esta última, con su gran sonrisa, además de aliviarlos a todos, negociaba con humor y diplomacia la pequeña aportación que debían pagar por los tratamientos. Por supuesto, que cuando veíamos claro que no  tenían nada (todos se hacían muy de rogar con lo del dinero...) se les daba todo gratis y se les decía que procuraran volver otro día con algo de dinero. Alguna mujer nos venía con una gallinita flacucha  o unas piñas diciendonos que no tenía otra cosa con la que pagar.

También  se realizaban curas y  suturas a lo largo de la mañana. Algunas curas eran de úlceras o heridas gigantescas e impresionantes y algunas suturas complicadas, o si no que les pregunten a los estudiantes lo difícil que es coser la durísma piel del paciente Africano.

Como anecdota de la clínica, tuvimos una abuelita cuya hija había fallecido y nos traía a su nieta, una bebé desnutrida que no había tomado más que agua en la última semana. Cuando la pediatra le dió un biberón, que se tomó en un santiamén, y le proporcionó leche para dos semanas,  además de abrazarnos y llorar de felicidad,  nos pidió su nombre y decidió bautizar a la niña como Olga Adamsay.

 

Rutile

Rutile no estaba dentro de nuestros planes iniciales, pero la aventura que algunos vivieron en este pueblo fue interesante. Rutile es  un pueblo minero del sur con un párroco muy “espabilado” por decirlo de alguna manera. Se enteró que iban un nutrido grupo de “médicos” a Mila 91 y pidió muy encarecidamente a la Hna. Elisa asistencia sanitaria para la población. Asistimos todos un domingo a una preciosa misa y a conocer aquello para llevar a los estudiantes con más experiencia a trabajar allí. Una vez allí, vimos  que era un pueblo de bastante nivel, ya que la mayoría trabajaba en la mina. Tenían su propia clínica con técnicos sanitarios y una muy buena farmacia en el pueblo. El Padre ya tenía preparados a 400 pacientes  para ser atendidos de lunes a viernes y como insistió tanto en que quería los “mejores médicos especialistas” para su población,  Ana  se unió al grupo como médico de apoyo. Trabajaron muchísimo, mañana y tarde, pero formaron un gran equipo y estuvieron muy a gusto en unas casitas limpias con un poco de aire acondicionado, bien atendidos y, además de buena comida, hasta les lavaban y planchaban la ropa. Todo un lujo en Africa!!!! Hay que puntualizar que les alojaron en la urbanización para personal europeo que trabajaba en las minas.

 

La Escuela de Verano

Este verano contabamos con un gran equipo de “profesores y asociados”, estos últimos los estudiantes de medicina que con gran cariño trabajaron  en la escuela por las tardes. Se organizó una magnífica escuela que abarcaba unos 160 niños divididos en grupos por edades. Aunque los médicos no participamos en esta actividad, ya que también trabajabamos en la clínica por las tardes, se impartían de 3 a 7 de la tarde clases de matemáticas, inglés, manualidades y, como no, catequesis!!! Las clases se preparaban con gran esmero por las mañanas y se hacían muchas actividades, algunas con música  y juegos, que los niños disfrutaron muchísimo. Se hicieron grandes posters con una gran tabla de multiplicar para facilitar el aprendizaje o  un enorme mapa del pais para aprender geografía y no faltó material de pintura y dibujo para los chavales,  que aprendieron y lo pasaron en grande!!!! Creo que no nos olvidaran fácilmente. Cuando a veces paseabamos por el pueblo hacia la “junction” en busca de un pequeño bar para tomar una cervecita africana fresca (uuummmm que pequeño placer!!!) siempre aparecían niños por todas partes al grito de Gonza, Gonza, María, María!!!!!

 

LOS FINES DE SEMANA

Como otros años, pero con más esfuerzo por ser un grupo tan numeroso, la Hna. Elisa se preocupó de que durante los fines de semana pudieramos hacer excursiones y conocer el país. El primer fin de semana, 7 de Julio, fuimos a las montañas de Kamabai a la misión de los Agustinos Recoletos donde el navarrico Padre Garayoa nos ofreció una preciosa misa y un Viva San Fermín!!! Después subimos a las montañas y nos bañamos en una gran cascada. El siguiente fin de semana fuimos a Bureh donde nos bañamos en una preciosa playa bajo una manta de lluvia, dimos un largo paseo y comimos en la casita que nos prestó el consul español. Al día siguiente fuimos a visitar Makeni  y Lunsar. Otro fin de semana fueron (algunos ya nos habíamos ido)  a Lunsar  a celebrar las bodas de plata de la Hermana Carol. Creo que fue una celebración preciosa, muy emotiva y llena de música. Al día siguiente ayudaron con una gymkana para un grupo de jovenes africanas en el día de las “jornadas vocacionales”. El último fin de semana fueron al precioso y frondoso enclave de Mangebureh donde las hermanas tienen una pequeña escuela y donde hay un gran rio al cual a los/las estudiantes les encanta tirarse desde gran altura!!!! Y....para terminar  Lunghi, localidad  costera donde se encuentra el aeropuerto y donde los javerianos tenían una preciosa misión que ahora ocupan las hermanas. Durante los viajes hubo momentos inolvidables como cuando las novicias nos cantaban con emoción canciones del país y las jóvenes estudiantes intentaban aprenderlas y todas se reían.

 

 

LA DESPEDIDA

Un pequeño grupo de nosotros partimos antes que los estudiantes, que permanecieron un mes, pero no sin antes compartir con ellos un fuego de campamento y muchos sentimientos acerca de nuestra experiencia allí. Para todos había sido una experiencia única y muy profunda, habíamos comprendido un poco más y mejor a Africa y a los sierraleoneses, habíamos sentido que en lo poco que habíamos dado habíamos recibido MUCHISIMO MAS, habíamos experimentado la felicidad de poder ayudar un poco a las personas que sufen, habíamos disfrutado de las risas de los niños en la escuela, y sobre todo habíamos tenido una experiencia de convivencia muy bonita como grupo entregados a una misión. Eso sí, todos coincidiamos en un mismo agradecimiento a las Hermanas que nos habían cuidado con grandes detalles de amor…..nos habían abierto de par en par su casa y su corazón. Y lo más importante, un año más dábamos gracias a Dios por cuidarnos en todo momento y a la Virgen María por  tenernos bajo su protección. Todos volvimos sanos y salvos y con el corazón algo más grande!!!!!

 

FOTOS DEL VIAJE

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