Es un placer para mí tener la oportunidad de compartir con vosotros mi experiencia, tanto a nivel personal como profesional, en el maravilloso país africano Sierra Leona. Os escribe Inmaculada, médico residente en Badajoz:
Todo comenzó el pasado mes de agosto con mi llegada al aeropuerto de la capital, Freetown. Ahí mismo me di cuenta de que África es una realidad un tanto diferente a la que ya había conocido hace unos años en América del Sur. Comparten la corrupción, la falta de agua potable y de luz eléctrica, la escasa organización laboral y el caos social, entre otros temas, pero el subdesarrollo es mucho más evidente y generalizado. Reflejo de ello son los niños africanos, desamparados desde el punto de vista familiar, educativo y de salud, pero a la vez tan vivaces y luchadores.
Hay dos aspectos que creo importante destacar: el primero es la convivencia pacífica que existe entre las comunidades católica y musulmana en este país; el segundo es la simpatía de su gente a pesar de haber sufrido una guerra tan cruenta y que finalizó no hace mucho, como para incluso poder percibir el perdón en sus ojos.
Qué decir del paisaje de Sierra Leona... Es imposible describir con palabras ni mediante documento gráfico la belleza del mismo: vegetación densa y verde, tierra rojiza, enormes palmeras, casas típicas de tapia dispersas entre las mismas, mujeres cargando pesados bultos en sus cabezas y bebés a sus espaldas al tiempo que caminan por la selva y, por supuesto, esa misteriosa combinación de sol radiante con lluvia tormentosa. Ha sido una verdadera fortuna el poder disfrutar en persona de la majestuosidad de la naturaleza.
En cuanto a mi trabajo como médico en Sierra Leona, lo he desarrollado en la Clínica Nuestra Señora de Guadalupe en el pueblo Mile 91, al norte del país, con la colaboración de 3 enfermeras nativas y las Hermanas Misioneras Clarisas del Sagrado Sacramento. He sentido una gran impotencia al ver los estragos que produce la malaria en el África Subsahariana, sobre todo en lactantes, al igual que la malnutrición y la falta de higiene, en ocasiones con desenlace mortal. Entre los adultos otras patologías destacables son la hipertensión arterial y la gastritis, en relación con una dieta rica en grasas y picantes. Otro asunto es la inexistencia de planificación familiar: las mujeres tienen hijos desde temprana edad y generalmente en el domicilio, por lo que el fallecimiento de la gestante o el recién nacido es frecuente. La cara positiva de ejercer la medicina en países desfavorecidos es que esta disciplina no está deshumanizada y los pacientes no son clientes, sino que el respeto y el agradecimiento es mutuo a pesar de no contar con los avances tecnológicos y farmacológicos de los que disponemos en los países desarrollados.
Mil gracias a Peligros Folgado y a la Fundación Atabal por permitirme colaborar en sus proyectos de salud en África; gracias a las Hermanas Misioneras Clarisas del Sagrado Sacramento por su amabilidad e inestimable hospitabilidad; gracias también a las enfermeras de la Clínica Nuestra Señora de Guadalupe en Mile 91 por ayudarme a desempeñar mi trabajo; y gracias finalmente a los habitantes de Sierra Leona, en especial al grupo católico de Mile 91, por su amistad y soporte en mi proceso de integración cultural. Siempre os recordaré...
Un saludo. Owao (adiós en la lengua themne).
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